Esta semana la Iglesia Católica nos ha lanzado varias perlitas de esas que hacen que se nos pongan los pelos de punta y nos preguntemos ¿exponen su doctrina o hacen campaña electoral?; ¿en qué ámbito les encasillamos, en la fe o en la política?; ¿se responsabilizan luego ellos de lo que predican?
Si hace tres días hablaba del caso del "bebé medicamento" y la postura de la Iglesia ante la selección genética, hoy no puedo dejar de comentar el cartel de la Conferencia Episcopal que desde el pasado lunes ha copado titulares y mesas de tertulia varias: 
En 1985 se aprobó una escueta reforma del código penal que despenalizaba el aborto en los siguientes supuestos:
- Riesgo físico o psíquico para la embarazada.
- Que el embarazo sea fruto de una violación denunciada, durante las doce primeras semanas.
- Graves taras físicas o psíquicas del feto, durante las primeras veintidós semanas.
Por tanto, la legalidad del aborto en España quedaba establecida. Sin embargo, no ha sido suficiente para regularizarlo, pues quedan muchas lagunas que se han ido salvando gracias al primer supuesto y la ambigüedad con la que se puede valorar el riesgo psíquico de la madre, motivo de, aproximadamente, el 98% de los casos. Así, el tema del aborto quedaba sólo hilvanado y el derecho de la mujer a decidir encubierto bajo la hipocresía de dicho supuesto.
El recientemente creado Ministerio de Igualdad, con Bibiana Aído a la cabeza, ha impulsado una reforma de esta ley, basada en los plazos en lugar de supuestos, dando legalidad a aquello que, hasta ahora y con el consentimiento de todos, se venía haciendo (como ya he mencionada, bajo ese primer supuesto). Para ello, se ha reunido a una comisión de expertos, formada por profesionales del derecho y la medicina, que han concretado una serie de propuestas de cara a esta reforma o, como ellos mismos proponen, nueva ley, pues consideran que el aborto no debe regularizarse a través del código penal.
En esta ley de plazos, además de permitirse la interrupción voluntaria del embarazo libre durante, previsiblemenete, las primeras 14 semanas y hasta las 22 semanas cuando exista un grave peligro para la vida o la salud de la embarazada o se detecten graves anomalías en el feto, se está contemplando incluir el reconocimiento de la autonomía de las mayores de 16 años para ejercer este derecho sin la autorización paterna. Muchas veces, estos embarazos son detectados tarde debido al miedo de las adolescentes a contarlo en sus casas, teniendo que, finalmente, continuar con un embarazo no deseado o someterse a su interrupción en un estado avanzado de gestación.
Recomiendo un artículo que publicaba El País el 15 de enero del pasado año, de Eva Rodríguez Armario, presidenta de la Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción del Embarazo (ACAI), "La ley del aborto: una reforma necesaria".
En todo caso, y lejos de criticar la postura de la Iglesia que en su derecho está de opinar, sí describir la inmoralidad del cartel utilizado para ello, equiparando a un niño, que no un embrión ni un feto, con, nada más y nada menos, un lince (que, al parecer, no debe ser ni siquiera ibérico). Creo que esta comparación ha sido bastante desafortunada además de fraudulenta, intentado conmover al público con la imagen de un bebé. Totalmente fuera de lugar y desinformada.
Si a esto le unimos el nefasto intento de dar a entender que el Gobierno protege más a un animal que a un niño... De "Juzgado de Guardia".
Pero, además, opino que la Iglesia no debe intervenir en términos legislativos en un estado, como es el Español, que se describe como aconfesional.
Ninguna confesión tendrá carácter estatal.
Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española
y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación
con la Iglesia Católica y las demás confesiones
Constitución Española, art. 16.3
La Iglesia posee sus propios espacios donde tratar estos temas e instar a sus miembros que no se acojan a este derecho. Pero que nos dejen al resto de mortales vivir en libertad, desde esa misma libertad que nos permite ejercer el voto cada cuatro años. Predicar sí, pero con la verdad y en las iglesias.
Se me ocurren mil razones para avalar el derecho a interrumpir un embarazo, y ni se me ocurre juzgar a ninguna mujer que se encuentre en esa situación.
- Traer un niño gravemente enfermo es egoísta. Nadie quiere llevar una vida de sombras y serias limitaciones, de dolor y sufrimiento. ¿Por qué obligarle a vivir así?
- Morir en el intento de tener un hijo también es egoísta. Vivimos rodeados de gente que nos quiere y nos necesita. En esos momentos, la vida de la mujer tiene mayor valor.
- ¿Por qué condenar a una adolescente toda una vida? Negarle una vida normal, de experimentación, de libertad, de inocencia, de aprendizajes, de socialización..., dañando su propio desarrollo físico. ¿Por qué hacer víctima a ese futuro niño de esas frustraciones?
- ¿Por qué traer una vida a un mundo que no puede hacerse cargo de él, por la situación económica, familiar social...?
- ...
Y muchos dirán: que lo den en adopción. Como si eso fuera una solución, como si los niños crecieran felices en una institución, que es donde probablemente pasarán su infancia si no cambian las leyes con respecto a los procesos de adopción. Pero el embarazo ya lo ha pasado esa niña, a la que se le ha acortado la adolescencia y ya le ha marcado, física y psicológicamente. Porque una madre estaría toda la vida preguntándose dónde estará, estará bien, le tratarán bien, será normal, estará sufriendo... No acaba siendo justo para nadie.
Y lo dejo aquí, pues tiempo habrá para desarrollar más este tema.
Quizá va siendo hora de que el estado Español cambie su apellido "aconfesional" por el de "laico". Todas estas intromisiones (y las que nos quedan) tendrían que servir para recapacitar sobre esto...
Me quedo con los siguientes carteles alternativos, que reflejan mejor la realidad que estamos viviendo (gracias Mitxel).

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