Reflexiones

19/3/09

Un nacimiento, dos vidas (1er. asalto)

El pasado mes de octubre nacía en Sevilla Javier, el primer bebé desarrollado íntegramente en el Estado a partir de una selección genética de los embriones, antes de su implantación en el útero materno. La finalidad era conseguir un donante sano y compatible con su hermano Andrés, un niño de 7 años enfermo de una anemia congénita severa incurable. A través de la selección de embriones se consigue, por una parte salvar la vida de Andrés y, por otra, que Javier nazca sin heredar esta enfermedad mortal. El pasado viernes supimos que el trasplante de células del cordón umbilical ha sido un éxito y que ambos niños se encuentran bien. Sin embargo, parece ser que algunos ven en este hecho el asesinato de varios embriones.

En el 2006 fue aprobada la nueva Ley de Reproducción Asistida, que permite la selección de embriones para el tratamiento de determinadas enfermedades como la beta-talasemia (caso de Andrés) o el síndrome de Fanconi. El proceso de selección de los embriones supone que, a partir de un número determinado de óvulos fecundados "in vitro" (fuera del útero materno), se analizan y descartan los embriones enfermos y, de los sanos, aquellos no compatibles genéticamente con el receptor, pues en el caso de las enfermedades anteriormente mencionadas, este requisito es imprescindible. Además, el diagnóstico genético preimplantacional permite que un bebé nazca libre de enfermedades hereditarias.

La Conferencia Episcopal critica duramente este hecho manifestando, entre otras cosas, que "el nacimiento de una persona humana ha venido acompañada de la destrucción de otras, sus propios hermanos, a los que se les ha privado del derecho fundamental a la vida".

Supongo que nadie va a dudar a estas alturas que un embrión está vivo. De hecho, podemos entender embrión como "primera etapa del desarrollo de un ser vivo, desde el comienzo de la evolución del huevo fecundado hasta la diferenciación de los órganos principales", pero también como "lo que está empezando y aún no ha madurado" (Santillana). Y ahí radican los matices. La tierra está poblada por seres vivos y seres inertes. Y dentro de los seres vivos distinguimos los animales, las plantas y los microorganismos (para aquellos a los que no les gusta reconocer que nosotros somos también animales, incluiré un cuarto elemento: el ser humano).

Esto significa que el hecho de estar vivo no implica ser un ser humano o, más claro aún, una persona. Partiendo de esto, ¿podemos decir que un embrión es un "bebé"?, ¿podemos considerar su destrucción como un asesinato?
Sin entrar en valorar más este hecho, que tiempo tendremos y habrá opiniones de todo tipo, sólo puedo decir que nadie que en estos momentos tenga un niñ@ enferm@ dudaría un sólo instante en someterse a este proceso para salvar su vida. Que no hay mayor amor en el mundo que el de unos padres y que, con manifestaciones como éstas, casi se está acusándoles de deshacerse de sus propios hijos. Yo sólo veo un inconveniente en la selección genética: no lo cura todo. Eso y que, a día de hoy, es un proceso que no se realiza a través de la Seguridad Social, excepto en Andalucía.
Será que aquellos que critican no están ni estarán nunca en esta situación. Ni en ésta, ni en muchas otras sobre las que opinan sin criterio.


Yo, en un día como el de hoy, el Día del Padre, sólo puedo felicitar, no sólo al mío (Zorionak, aita), sino a este padre andaluz, que será muy feliz porque puede decir que tiene dos hijos, sanos y vivos. Me quedo con esta imagen, la imagen de la felicidad.


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